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Entre el fenómeno Checo Pérez y Netflix, una afición que aprendió de automovilismo

Entre el fenómeno Checo Pérez y Netflix, una afición que aprendió de automovilismo

Desde el norte y sur del país llegan miles de fans que aseguran vale la pena cada peso gastado en la Fórmula 1

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▲ No importa el sofocante sol, miles gozan de la fastuosa F1.Foto Víctor Camacho

Juan Manuel Vázquez

Periódico La Jornada
Domingo 29 de octubre de 2023, p. 8

Hay quien trabaja durante todo un año para pagar miles pesos que se esfuman a la velocidad de un auto de Fórmula 1. Parece una locu-ra para quien no lo vive, recono-cen algunos aficionados que acuden al autódromo Hermanos Rodríguez para presenciar el Gran Premio de la Ciudad de México 2023. Unos vienen desde muy lejos, del norte o sur del país, pagan transporte y hospedaje, además de los boletos, cuyo promedio en las gradas del Foro Sol es de 10 mil pesos, más el consumo de alimentos y bebidas que oscila entre los mil y 3 mil por día. Desde luego que hay entradas mucho más costosas para los asistentes de lujo, el precio de salida era de 30 mil, porque en este universo también existen matices sociales.

Vale la pena cada peso gastado, dice Franco Sandoval, adminis-trador de 35 años que acude religiosamente a este espectáculo cada año.

El público mexicano ha aprendido mucho de automovilismo, plantea; hay una afición muy enterada, pues hace décadas existe en nues-tro país, pero después, la verdad que se volvió una moda. Pero el fenómeno de Sergio Pérez y Red Bull, además de la serie de Netflix sobre la Fórmula 1, han consolidado a un público que al menos ya sabe de qué se trata esto.

La emisión que transmite Netflix, Fórmula 1: Drive to survive, ha sido determinante, coinciden varios asistentes. Franco cuenta que antes el público incluso confundía el auto de Max Verstappen, la estrella de Red Bull, con el monoplaza de Checo. Cuando el neerlandés pasaba frente a las tribunas, la gente lo ovacionaba y coreaban, pensaban que era el piloto tapatío.

Hoy ya no ocurre eso. Ya saben al menos cuál es el auto de Pérez, dice irónico. En la curva del Foro Sol, la gente soporta el calor del mediodía que obliga a hidratarse. Aunque existen puestos gratuitos para abastecerse de agua, la mayoría prefiere la cerveza, un vaso grande cuesta 160 pesos, y con el paso de las horas los más sedientos empiezan a acumularlas en torres que suman una buena cantidad de dinero.

Un grupo de ocho personas, todos familiares, vinieron desde Campeche. No son ocasionales, aclaran, porque no quieren ser confundidos con villamelones, dicen. Cada que hay un Gran Premio, lo ven como si fuera una fiesta familiar, con comida y bebi-da, música de diyéis, donde ellos mismos se turnan en las tornamesas.

Tenemos un grupo de WhatsApp donde nos compartimos noticias e información del campeonato. Si el Gran Premio es en un país al otro lado del mundo, la fiesta es en la madrugada o al amanecer, pero nos juntamos para verlo sin importar la hora. Obvio que estaríamos aquí en el autódromo, cuenta uno del grupo de Campeche.

La memorabilia, una locura

De Chihuahua vienen dos amigos que se conocen desde la infancia. Ellos consiguieron boletos por la promoción de un banco. Rondan los 60 años, pero el gusto por los coches lo heredaron de sus padres.

Mi papá corría coches en Chihuahua, porque allá se compite en terracería, entonces siempre vemos la Fórmula 1, pero también la Nascar. Queríamos venir, pero si no hubiéramos ganado estos boletos, no estaríamos aquí, indica don Pablo.

Además de la filas en la venta de cerveza, todo se paga mediante una pulsera en la que se abona dinero, las colas para la compra de mercancía alusiva al GP de México, a los equipos o pilotos, son muy exitosas. Los productos más vendidos son los relacionados con Checo Pérez y su equipo, Red Bull. Los precios de las gorras van de los mil a los 3 mil pesos. La gente se uniforma con los colores del equipo de la bebida energética y con prendas con el número 11.

Yo no voy a pagar tanto por esos productos que puedo comprar en Internet. Los precios son una locura, gracias a que nos regalaron los boletos en una promoción vinimos, porque ya están demasiado caros, señala un joven que viene con su padre, pero que antes solía comprar entradas. Si sigue así, va a ser más difícil volver a ver la F1, agrega.

Un señor de mediana edad empuja un carrito de paletas heladas. Dice que en un día del Gran Circo sus ventas pueden alcanzar los 120 mil pesos. Mientras cobra con una aplicación en un teléfono, mira de soslayo el paso de los autos.

A mí me gusta mucho el automovilismo. Cuando no trabajo lo veo por la tele o en el teléfono, este es el quinto Gran Premio en el que trabajo. La gente no se da cuenta que Checo es buen piloto, pero sobre todo es un gancho de mercadotecnia. Le conviene a cualquier equipo, nomás vea lo que provoca. No sé cuánto cuesta una entrada a esta carrera, pero seguro no puedo pagarlo, expresa el señor mientras sigue el paso del monoplaza de Pérez y la gente estalla en alaridos.

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